lunes, 4 de mayo de 2015

Extraño.

Extraño, ahora queda menos, y extraño... Extraño me siento y me veo, y me muevo alejándome y volviendo de nuevo al suelo. 
No tengo trofeos, solo fotos y más sueños que Morfeo. Leo y no entiendo, escribo y no entiendo, vivo y no entiendo, me están dando mareos.
Aparecen cuando no les quedan nada, cuando no tienen baladas, cuando el amor ya lo ven solo en los cuentos de hadas.
Y se quejan si no amabas, si no la necesitabas, si no estuviste cuando era diferente, cuando estaba distante y cuando la tuviste en frente.
Necesitas soltarle palabras, saber su vida y cuál ha sido el camino distinto al tuyo que tomaba, que pisaba sin hacerle caso a las señales que le marcaban.
Y no marear más ni cambiar las cosas que pasan, las cosas que se tienen en casa, las cosas seguras que no te lanzan gritos ni te dejan la mente helada.
Ya odio escribir, cantar, pensar, vivir... porque es distinto así. Y entonces se acaban las ganas, las ganas de seguir.
Es curioso entonces... pasado, presente y futuro, juntos en un coche. No te esfuerces... estás haciendo la vida más difícil desde que no juegas a dar coces.

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