Me quise libre, pero tuyo; mío, pero a tu lado… cuando todos los “sin ti”, tuvieron sentido contigo. Cuando comencé a imaginar un futuro en el que tú dibujabas y yo escribía. Una casa repleta de tus cuadros, una biblioteca juntos y el escritorio lleno de los textos. Qué sencillo era ver una mezcla de tus genes y los míos jugando a las muñecas y haciéndote perder la paciencia, o imaginarme enseñar béisbol a un niño de no más de tres años. Qué absurdo y qué ridículo haber sentido por ti en un par de meses, lo que no me fue posible sentir por otra mujer en varios años. Echo de menos el futuro, los recuerdos de un porvenir juntos y lo inexplicable de haberlo pensado al poco tiempo de conocerte. La realidad que nos alcanzó cada vez que las manecillas del reloj no estaban a nuestro favor.
Nunca debí decirte que te amaba, porque no se ama lo que no se conoce pero a veces… cuánto duele lo que se pudo haber llegado a conocer. Debí confesar, en cambio, lo sencillo que habría sido llegar a ello.
Será que siempre he dado demasiado y en el exceso sientes algo de miedo.
Quizá el error estuvo en quererte a raudales y no a cuenta gotas. Ya disculparás, no sé hacerlo de otra forma.
Se ha roto la confianza, es cierto, no sé quién eres pero amé a quien fuiste.
No le creo a tus palabras, pero confío en tus miradas.
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