domingo, 17 de mayo de 2015

Certezas que "ojalá" no fueran ciertas.

Me siento como un libro dejado a medias,
o como un juguete roto abandonado.

Cuando se explicó el amor en clase,
yo me quedé en casa cogiendo
(o llorando).

Esta es la historia de una cama que se llena,
y un corazón que se vacía.

Lo triste de la distancia
es que no sabes si te están recordando
o enamorándose de otro
.
Adivina.

Mi yo poético te sigue queriendo,
yo no. (O sí)

(He llorado en tres ciudades por ti).

“A ver si te has enamorado de la capital
y buscas el amor en personas de allí
sólo para tener excusas para volver”.
Quizás.

Por ti dejé de ser una bala perdida,
para ser tu blanco perfecto.

Si supieras cuanto café para dos
ha tragado el maldito fregadero…

Debería colgarme un cartel:
no apto para mí mismo”.

No soporto que se metan en mi vida,
imagina que salgan.
Si pudiera dejarme ir,
también lo haría
(por eso te entiendo).
La diferencia es que tú me cambias por otros,
y yo te cambio por mí.

Siempre hay un instante durante el día
en el que pagaría por volver a esa época,
en la que, para ti,
todos los hombres del mundo me cabían dentro.

No sabes lo que te estás perdiendo,
(en serio, no lo sabes).
Podría quererte,
no digo que te quiera, (o sí)
pero podría hacerlo.

Vete,
vete antes de que me baje la corredera
y te convenza para que te quedes
(sabes que puedo).

Ojalá algún día digas
“tuve al chico de mi vida, pero lo jodí todo”.
Ojalá.
Ojalá no haya más ojalás.

A estas alturas de la herida,
sólo tengo dos certezas:

que tú no eres para mí
y yo no soy para nadie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario