Es patético decir después de todo que la echo de menos, que sus recuerdos siguen golpeándome en la espalda para esconderse cuando me giro y dejarme el olor de su perfume por todo el cuerpo, que siguen jugando conmigo como su nombre juega al escondite en algún rincón de mi corazón. Es triste... patético y triste saber que su mirada se puede volver a cruzar con la mía, pero que mis brazos no pueden entrecruzarse con su cuerpo, una vez más, como cuando atábamos nuestros cuerpos para siempre en aquellos viajes hacia la luna que solíamos hacer cuando teníamos un rato libre en nuestra condena. Y es doloroso... patético, triste y doloroso saber que su sonrisa jamás me va a poner el mundo del revés, saber que su sonrisa no me volverá a sonreír cuando yo sonría y saber que lo de andar juntos en un mismo camino ya se ha acabado y no porque alguno se haya desviado por las curvas de otro cuerpo.
Y me da pena... porque es tan patético, triste y doloroso que ni siquiera es patético, triste y doloroso, me da pena porque a esto no le puedo poner palabras, porque el silencio podría tener mejores argumentos y quizás hasta mejores soluciones, sin embargo, no me las quiere decir y aquí estoy, revolviendo en el cubo de los recuerdos que no fueron basura, intentando sacar algo de provecho fuera de casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario