Me dijeron que si salto a veces no duele,
y no dolió por mucho que no hubiera paredes.
Será que la desilusión no ha aparecido para aplastarme,
y que la esperanza ha servido muy bien de colchón.
Quizá el destino lo ha querido siempre así,
caer y morir y revivir,
caer y morir y revivir,
y al final, de casualidad,
encontrarte a ti.
La caída era tan grande como
era el abismo de tus ojos,
que alegría saber que
me has cogido al vuelo,
y volamos, y no llego al suelo.
Y todo merece la pena.
Poca gente se atreve a tirarse,
a vivir muriendo y renaciendo,
y sin embargo todos quieren
disfrutar de caídas bonitas.
Estoy contento de no morir contigo,
de saber que muero por ti,
y sobretodo..
de que no me vas a dejar
estamparme contra el suelo.
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