viernes, 9 de enero de 2015

Así es la vida de una de ellas.

El día en el que nace viene sin avisar, como el arcoiris después de la tormenta... nadie entiende nada pero ha sucedido y ni siquiera se ve venir, los más sabios basan su nacimiento en la casualidad y el destino, pero realmente quién sabe qué pasa para que nazcan.

A los 10 años la ilusión aún es más fuerte que cuando nació, todos están pendiente de que no le pase nada, de que crezca fuerte y sana... empiezan a vivir para ella y no quieren dejar de darle cariño.

A los 20 años todo marcha genial, empieza la mejor etapa... todo es felicidad y risas, empiezan las salidas juntos, las sonrisas de pasada y las miradas de cerca, los besos en el portal y las palabras que llegan dentro.

A los 40 años empiezas a darte cuenta de que tienes que convivir con más cosas, que no puedes estar pendiente siempre de ella, que la quieres sí... pero que siempre ya no es como antes y que todos los días no te parece ese arcoiris que viste el primer día.

A los 60 años ya casi todo ha cambiado, las palabras en ella ya no son lo mismo, las miradas tampoco y menos aún las sonrisas, lo único que quieres es que vuelva a su juventud, que vuelva a tener esos veinte donde todo era perfecto, pero no puedes por mucho que lo intentas...

A los 80 años no puede más, intentas alargar su final pero no sabes que hacer... recuerdas sus mejores años y los echas de menos, no quieres que acabe así pero no te quedan soluciones... Al final siempre hay un final y muere.


Y así es como acaban las relaciones, así es como mueren, así es la vida...
P.D.: Perdón por escribir años donde quería decir días.


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