Al final caí, caí como caen las hojas en otoño, como caen las lágrimas del triste soñador iluso que no sabe de qué va la vida... y cuando más al fondo estaba, cuando no tenía nada por lo que seguir luchando y solo pasaban los días como frías fotocopias, llegó ella. Sin avisar, de casualidad, que de casualidades el mundo está lleno pero hay que saber chocarte con ellas... y es así como como me choqué, como me dí el golpe contra ti y cómo "de casualidad" terminé conociéndote y, jamás podré arrepentirme de ese día, ni del siguiente, ni de ninguno de los que han llegado después...
Pocos días necesité para darme cuenta de cómo eras, de lo importante que podrías ser en mi vida, y sobretodo, en qué joder... si por alguien me la tengo que jugar y si a alguien voy a permitirle que me rompa el corazón, ¿quién mejor que tú? Y todo pasó de momento sin pasar nada, cuestión de días, cuestión de miradas y sonrisas... Día a día, pensando en ti, creando un sentimiento en mi corazón que ya no podía (ni quería) parar nunca. Me empezaste a encantar como me puede encantar un verano, una buena fiesta, o por qué no, como me encanta un buen día tumbado en la cama escuchando la lluvia y sin hacerle caso a nadie (que también me gustan muchísimo)... Era algo imparable, ¿yo? ¿queriendo a una persona así? ¿dónde se había visto eso? Y sin respuestas para mis propias preguntas solo empecé a creer en esto... A creer en ti, a creer en mí, a creer en un NOSOTROS que no quiero que termine nunca.
Increíble era escucharte hablar, verte sonreír y poder rozar tus labios... y es normal que no me salgan las palabras si de describirte hablo, si de describir cada parte de tu cuerpo que me gusta quiero... ¿se puede saber qué es lo que has hecho en mí? No sé qué me ha pasado, quizás has sacado de lo más profundo de mi alma a ese yo pequeño que quería tener escondido por siempre, esa parte de mi corazón que no quería enseñarle a nadie, y de momento ¡pam! te conviertes en mi vida, en lo único que sé que quería, quiero y querré por siempre, pase lo que pase... así que mírame, ¿puedo estar más feliz a tu lado?
Dime mi amor, mi niña, mi todo... ¿tienen límites los sentimientos? Yo espero que no, porque voy a seguir queriéndote cada día más y no voy a parar nunca, así que, ¿cómo decirlo bien? Intentaré que te quede claro de la forma más simple: a besos, caricias, abrazos, detalles y sonrisas, pero sobretodo diciéndote todos los días: TE REQUETEQUIERO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario