Ahora es difícil, difícil como la vida misma, aunque no me avisaron de que lo sería tanto, y es que no puedo entender cómo después de beber para olvidar siga recordándote hasta en el último trago y cómo no me di cuenta de que el café se enfría, el día termina, el verano deja paso al otoño y aún así yo te dijera que esto sería para siempre... En serio, que alguien me responda a cómo puede terminar tan Roma mi corazón y tan Venecia mis ojos si decían que todo era como un juego de niños, ¿no? Pero al final, que irónico es todo, cuando ignoramos a los que nos quieren, queremos a los que nos ignoran, amamos a los que nos hieren, y herimos a los que amamos... por qué somos así de gilipollas, ¿lo entendéis?
Callamos lo que sentimos asumiendo el riesgo de que podemos perder lo que queremos, pero nos da igual porque siempre podremos ir diciendo por ahí que les follen a los que nos fallen aunque luego se follen a quién más les fallan y terminen fallando a los que quieren algo más que follar... y callar, callar es lo que deberíamos de hacer porque callar es de sabios y besar es de labios, y solo los que saben besar saben callar los labios. Así que mejor me callo ¿no?
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