Me encuentro mordiendo el polvo porque te cansaste de que nos mordiéramos los labios, de palabras y de actos que significaban más que toda la realidad que nos rodeaba, te cansaste de esos sentimientos, de los sentimientos ocultos y frenados por los descabellados soldados de la razón que intentaban atrapar al corazón para que no se marchase. Y aquí me quedo, tumbado en este suelo que pisábamos juntos de la mano, pensando en qué nos ha pasado y por qué aquel sabor a dulce caramelo y a carmín ya solo me sabe a recuerdos ásperos y amargos como el trago que le doy a esta copa que no se agota. No se agotan los recuerdos de los que me emborracho cuando me siento demasiado solo o simplemente me siento...
como un estúpido, cuando no puedo levantarme sin ayuda,
así es como me siento, como un estúpido.
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