Llevo ya demasiado corriendo a la contra, en un partido que dejó de jugarse hace tiempo... Es gracioso no haber escuchado ni siquiera el pitido final. Puto árbitro. Relacionando conceptos.
Recuerdo como hace unos días jugábamos y se quedó solo frente a la portería, me quiso meter un tanto, puto sentimiento. Vaya carrera me tuve que dar y menos mal que soy rápido, aunque la suerte no siempre está conmigo. Llegar a su posición no fue difícil... lo difícil fue meter la pata cuando no debía hacerlo, lo pisé, rodé sobre mi mismo en el aire y caí de espaldas.
La caída fue lenta, vi como todo se me daba la vuelta, como el cielo se me quedaba tan lejos... Mucha gente creerá que esto es solo un texto pero lo que cuento es cierto. Pasó... en serio.
No dolió caer pensando que había salvado que me metieran el gol más triste y doloroso de mi vida, dolió saber como me la jugaron durante tanto tiempo sin yo poder hacer nada. Las consecuencias ni siquiera fueron graves...
Sigue el cuerpo cayendo, las manos ni siquiera me sirvieron. Toco el suelo, golpe en la espalda primero... no pasa nada. Todo se soporta hasta que la cabeza golpea y caes en la batalla.
Mis amigos me ven, se preocupan. También estuvieron algunos cuando intentaron meterme el gol, aunque realmente ahí yo estaba solo... pero ahora se acercan corriendo. Han escuchado el golpe y no pueden creérselo. Yo en el suelo, ¿alguna vez había pasado?
Me levanto rápido como siempre. Les digo que no ha sido para tanto. La cabeza duele, el cuerpo está cansado. Sigo corriendo porque no quiero que me noten nada, corriendo en un partido que no sé ni cuánto va, ni por qué sigo jugando si veo que no ganaré nunca nada, y pasa... Pasa que el golpe siempre tiene consecuencias, que cuando me dejan solo me mareo, vuelven los miedos, vuelvo a tener que parar... Porque esto me estaba superando.
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