sábado, 20 de abril de 2013

Mi amor.

Su mirada ya le hacía imaginarse mundos enteros en los que poder vivir siendo feliz pero si seguía mirándola y se adentraba en su pupila como si fuera un camino de rosas intentando no pincharse con ninguna espina podía ver, al final, la cascada que le llevaba directo a su corazón. Allí, en su corazón, una vez llegaba el chico ya empezaba a amueblarlo e inmediatamente iba pensando en quedarse a vivir para siempre aun sin saber que quizás ella lo querría echar por el mismo camino que había entrado, pero a él eso le daba igual... le daba igual todo. Le daba igual dejar toda su vida por vivir allí porque lo único que quería era refugiarse en el calor de su corazón, donde sabía que podía ser el más feliz del mundo y donde sabía que podría entregarse completamente a darle todo su amor, le daba igual que su mundo terminase porque su mundo era ella y no quería que fuera otra, ella era su vida y ahí es donde quería vivir, en su corazón.
Pero... ¿creéis que es solo eso? Terminaba de mirarle los ojos y con tan solo bajar la vista un poco más, ahí estaba... su sonrisa, esa sonrisa que hacía que su corazón latiese a mil por hora, señalando que estaba loco por ella... Una sonrisa que podría comerse al mundo en tan solo un segundo y que ponía del revés cualquier corazón que la viese y aunque es triste, ¿sabéis qué era lo peor para él? Lo peor era poder ver esa sonrisa y no poder acercarse más todavía, acercarse hasta estar a milímetros, acercarse hasta sentirla y llegar al punto en el que sus respiraciones se uniesen al son de los latidos de sus corazones. Y una vez más no pasaba nada... porque tampoco le importaba, no tenía por qué hacer eso para sentir miles de sentimientos por ella, porque con tan solo el cosquilleo que ella le hacía con los dedos cuando rozaba su cuerpo ya podía sentirlo, con tan solo agarrarle la mano notaba lo que había entre ellos, notaba que eso era amor, puro amor.

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